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La riqueza de ser mestizos

27 Octubre 2006

Leo en Caspa Canaria sobre un artículo en El Día (El pueblo canario existe), artículo casposo para un diario vergonzante, que para no desentonar en el ideario político de ese panfleto, nos regala joyas de semejante calibre:

Los nativos de estas islas nuestras corremos el peligro de convertirnos en población minoritaria dentro de Canarias. Esto no es una especulación en el vacío, ya sucedió en Fuerteventura y puede suceder mañana en Lanzarote. Cuando vayamos a reaccionar ya no seremos dueños de nuestra casa.

Tendrán que reaccionar quienes se empeñen en hacer la diferenciación entre canarios de aquí, canarios de allí, canarios verdes, canarios rojos, extra canarios, y demás etiquetas que quieran poner. Si se quiere, siempre se podrá dividir a la gente en grupos completamente separados, que no deben unirse bajo ningún concepto. Ellos y nosotros. Los malos y los buenos.

A los que nos la suda que mi vecino sea nacido en Ontario, en Sudán o sea el último guanche acabante de bajar de una cueva en el Teide, no tenemos que reaccionar ante nada. Simplemente evolucionamos y nos adaptamos. Be water, my friend.

Desde el tiempo de la Conquista de las Islas, se ha intentado despersonalizar y difuminar a la población autóctona y estable; ya se hizo con los guanches en los siglos posteriores a la llegada de los europeos, como ahora se hace con los nativos de nuestros días.

A mi esto es que me da la risa cada vez que lo veo. El temita recurrente de la descendencia de los guanches, aunque aquí se quiera encubrir. Resulta que somos una mezcla de sangres de lo más mestiza que hay (afortunadamente) y sin embargo, se insiste de forma machacona en la visión victimista del guanche conquistado. Me queda la duda de en donde se gesta esa conjura inernacional cuyo único fin es acabar con todo vestigio de la cultura canaria.
La cultura se enriquece con las aportaciones exteriores. Es el toma y daca enriquecedor, el intercambio de conocimientos y costumbres el que nos enriquece mutuamente. Nuestras costumbres e identidad sobrevivirán (si están suficientemente arraigadas) y se enriquecerán con las aportaciones exteriores. ¿O es que prentendemos encerrarnos en una cueva y a vivir de comer gofio y de bailar tajarastes?. Be water, my friend.

Ninguno de estos poderes da la cara por los canarios; en el fondo no confían en esos canarios: todo lo que viene de fuera es mejor. La sombra de la colonialidad sigue gravitando sobre todos nosotros.

Ni todo lo que viene de fuera es mejor ni todo lo que tenemos aquí es mejor. Ahí precisamente radica el interés cultural de las migraciones, en saber compaginar las aportaciones de lo interno y lo externo, lo viejo y lo nuevo, lo heredado y lo aprendido.

CANARIAS es un archipiélago con límites físicos tan claros como cualquier otro archipiélago y no puede soportar una carga poblacional ilimitada. El incesante crecimiento demográfico y la depredación de los territorios insulares no son sostenibles en el largo plazo.

El catastrofismo es aplicable a todo. ¿Existe un territorio, sea isleño o continental que sí pueda soportar una población ilimitada? Y el segundo párrafo logra mejorar la media del artículo: y tanto que la depredación de los territorios insulares no es sostenible, pero, que yo sepa, ni los inmigrantes ilegales de pateras y cayucos, ni los ilegales de aviones, ni siquiera los legales vienen con una pala excavadora debajo del brazo. Esos que depredan nuestro territorio insular pavimentándolo de cemento, son precisamente los de aquí, los canarios autóctonos, con pedigrí o los residentes de larga duración o los foráneos ya integrados (estos últimos deben ser los que han pasado el test de canariedad y ya son “de los nuestros”).

Hay que luchar desde todos los frentes y hasta el último aliento por sacar a nuestros jóvenes de esas listas del paro, de esas listas de la frustración, a pesar de que ciertos empresarios, propios y foráneos, estén encantados con la inmigración de mano de obra barata, con lo que el problema económico y laboral se vuelve claramente político.

Al final ya lo podemos decir sin tapujos: la culpa de todo es de los demás. Si hay paro en Canarias, no es culpa de un modelo económico obsoleto y abocado al fracaso (la explotación del turista y la cementación de todo), sino de los demás, de los que vengan de fuera. ¿Como iba a ser culpa nuestra, con lo bien que lo hacemos todo?. Nuestra pureza de sangre y nuestra cultura y tradiciones superiores nos protejen de todo error.

Las leyes necesarias para regulación de inmigrantes ya existen. Simplemente se deben hacer cumplir. El resto del discurso no es más que racismo.

Un pueblo que debería sentirse orgulloso precisamente de su mestizaje, de la riqueza obtenida de las aportaciones de múltiples culturas, razas, etnias y todo el que pasó por Canarias, pretende ahora manifestarse para protegerse precisamente de aquello que lo formó como pueblo y lo enriqueció: las aportaciones foráneas.

No olvidemos nuestra cultura, pero por favor, tampoco nos encerremos a cal y canto.

Y si dentro de 100 años somos todos negros ¿qué coño más da? ¿O es que tratan de decirnos que es mejor ser blanco que negro, amarillo, tostado o pálido?.

En el fondo, lo malo de esta gente que se empeña en separar en “ellos” y “nosotros” es que siempre encontrarán una excusa. Si no es el color de piel, será el idioma, si no, el lugar de nacimiento. Si se agotan las razones, siempre podrán agarrarse a la religión.

Queda claro que por esa manifestación “por el racismo” no me verán.

Les dejo con el libro que hay que estudiar (en La Opinión de Lanzarote) para convertirse en “foráneo ya integrado”. A estudiar toca si quieren ser admitidos por estos lares. Qué menos se puede pedir.

Ah, si, que vengan aseados y con dinero.



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